Apuntas hacia otra dirección y a menudo desvaneces. Te hallas en el mismo lugar de donde partiste y sientes que aún el juego no comenzó, cuando recorriste ya infitos laberintos.
Estás siempre en pocisión de combate, tan dispuesto a ser, a existir. Crees que la vida es más que un rompecabezas,
pero ni siquiera te atreves a armarlo,
aunque con la punta de tus dedos rozas y contemplas sus piezas.
Cambiaste la sorpresa por hábito, el lujo por migajas,
la vida por la soledad , los espejos por celofán;
corriendo el riesgo de perderte del todo.
Abundante de asperezas, con rezagos de recuerdos de tiempos pasados creias estar en el último escalón
cuando aún ni siquiera comenzabas a subir.
No sabías como amarte de otra forma, no tienes nada en tus manos
y tus gestos lentamente se tornaron ilegibles.
Aún te queda un respiro bajo el peso de esas imágenes que asechan a tu niño. Ese niño que no deja de percibir sólo enigmas…ese niño que dilata, que limita.
Ese que cree que la realidad es a veces palpable, a veces de cristal.
Elisa Gauna.
Marzo 2009
Estás siempre en pocisión de combate, tan dispuesto a ser, a existir. Crees que la vida es más que un rompecabezas,
pero ni siquiera te atreves a armarlo,
aunque con la punta de tus dedos rozas y contemplas sus piezas.
Cambiaste la sorpresa por hábito, el lujo por migajas,
la vida por la soledad , los espejos por celofán;
corriendo el riesgo de perderte del todo.
Abundante de asperezas, con rezagos de recuerdos de tiempos pasados creias estar en el último escalón
cuando aún ni siquiera comenzabas a subir.
No sabías como amarte de otra forma, no tienes nada en tus manos
y tus gestos lentamente se tornaron ilegibles.
Aún te queda un respiro bajo el peso de esas imágenes que asechan a tu niño. Ese niño que no deja de percibir sólo enigmas…ese niño que dilata, que limita.
Ese que cree que la realidad es a veces palpable, a veces de cristal.
Elisa Gauna.
Marzo 2009
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