Las pupilas se dilatan otra vez con los recuerdos de manzanas arenosas.
Voy por el aire buscando nuevos sonidos y solo escucho bocinas de aviones retrasados, que esquivo para proteger, es que son tan debiles con esas alas heridas, estigmatizadas. Decido aterrizar, y al hacerlo, siento la eterna fragilidad de mis músculos. Hormigas en fila recorren sus contornos, deslizandose por existentes huecos para llegar a la hora del almuerzo. Lástima que justo decido darme un baño interno…y las obligo a cambiar de planes, pero en voz baja y casi susurrando (para que no se enteren las langostas que siempre arrasan con todo), prometo invitarles luego un café e incluir el postre en el menu de hoy.
Elisa
Febrero 2009
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